El Paular. Retorno a lo que un día fue.

Quisiera inaugurar este blog dedicando un artículo al monasterio de El Paular, una joya no demasiado conocida que tenemos en Madrid, dentro del marco incomparable de la sierra de Guadarrama, muy cerca de Rascafría, y que hasta hace poco ha permanecido incompleto. Sin embargo, en julio de 2011 retornaron el conjunto de pinturas que dotan al edificio de un valor artístico único.

     Rodeado de frondosos y altos montes
se extiende un valle, que de mil delicias
con sabia mano ornó Naturaleza (…).Image

Así definía la situación del monasterio de El Paular el insigne Jovellanos cuando se alojó en él allá por 1779 y escribió su Epístola de Jovino a Anfriso.
   El edificio fue fundado a finales del siglo XIV, siendo la primera cartuja erigida en el reino de Castilla. En 1835, la Desamortización de Mendizábal supuso su final y el peregrinar de parte de sus tesoros artísticos. Entre ellos destacaban sobremanera el conjunto de 56 lienzos que realizó el pintor Vicente Carducho para el claustro entre 1626 y 1632.

Jovellanos, en su mencionado poema, también conocido como Epístola de El Paular, dijo:

Busco por estos claustros silenciosos
el reposo y la paz que mora en ellos (…).

Durante 176 años el claustro ha estado más silencioso y vacío que nunca, pero al fin podemos disfrutar de este conjunto pictórico en el lugar para el que fue concebido.

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Claustro vacío, despojado de los lienzos.

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Claustro con el aspecto actual.

La serie fue encargada en 1626 a Vicente Carducho, el pintor tal vez más importante del primer tercio del siglo XVII en España (Velázquez había sido reclamado a la Corte de Madrid en 1623 y su fulgurante carrera eclipsaba ya por entonces a cualquiera, sin embargo durante estos primeros años como pintor de cámara su actividad se centró casi exclusivamente en retratos). Carducho nació en Florencia (Vincenzo Carducci), pero con ni tan siquiera 10 años vino a España acompañando a su hermano Bartolomé, ayudante de Federico Zuccaro, uno de los pintores encargados de la decoración del monasterio de El Escorial. Por tanto, el joven Carducho aprendió los secretos de su oficio bebiendo del clasicismo florentino unido al espíritu simbólico contrarreformista incipiente en el arte español. Pronto se haría un hueco en el panorama artístico del momento recibiendo importantes encargos de la Corte de Madrid (y también de Valladolid cuando estuvo ubicada allí entre 1601 y 1606), de la catedral de Toledo o del monasterio de Guadalupe (Cáceres).

La trayectoria y obra de Vicente Carducho merece un capítulo aparte, pero lo que hoy ocupa son las 56 pinturas que realizó para la entonces cartuja de El Paular, de las cuales hoy podemos contemplar 52 magníficamente restauradas (desaparecieron dos lienzos de menor tamaño que el resto con el escudo real y el de la orden de los Cartujos, además de otros dos que fueron llevados a Tortosa durante la diáspora artística de la Guerra Civil y nunca jamás se supo).
   Los cuadros narran la vida del fundador de la orden monástica, Bruno de Colonia o San Bruno, y los hechos más significativos de los cartujos en Europa entre el siglo XI y el XVI.

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La impactante “Conversión de San Bruno ante el cadáver de Diocres”

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Pero no sólo merece la pena visitar el monasterio por la obra de Carducho, sino otras muchas de las que destacan:

– El lienzo de la Última Cena de Eugenio Orozco, también recuperado en 2011 después de su salida en 1835 para caer en manos del Marqués de Cerralbo quien lo legó al Estado junto a sus magníficas colecciones artísticas que confeccionaron el actual Museo Cerralbo (en Madrid, muy cerca de Plaza de España).

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Fue pintado en 1634 como copia del cuadro del mismo tema que pintó Tiziano para el refectorio del monasterio de El Escorial.Image

– La sillería del coro de la iglesia, obra del siglo XVI de Bartolmé Fernández, la cual estuvo en la iglesia madrileña de San Francisco el Grande desde 1883 al 2003.Image


– El imponente sagrario del siglo XVIII, conocido como el Transparente.Image

– El retablo de alabastro tallado a finales del siglo XV por el taller de Juan Guas cuando estuvo dirigiendo las obras de la cartuja patrocinadas por los Reyes Católicos.

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Por si esto fuera poco, la zona donde se encuentra el monasterio (una de las premisas de los monjes cartujos era escoger para su establecimiento lugares de extraordinaria belleza en plena naturaleza) posee un inmenso atractivo natural, gastronómico y de actividades. Además de pueblos como Rascafría o Alameda del Valle, están cerca los puertos de Navacerrada y Cotos, las estaciones de esquí de Navacerrada y Valdesquí, el Parque Natural de Peñalara y hacia el otro extremo, descendiendo al valle, Lozoya y el embalse de Pinilla.
Concluyo animando a visitar este rincón de Madrid y dando la bienvenida a todo aquel que le interese el Arte y la Cultura. Espero que os guste. Gracias.

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About Jorge Fernández-Alva

Historiador de Arte.
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One Response to El Paular. Retorno a lo que un día fue.

  1. José Carlos says:

    Fantástico reportaje el del Paular!!. Quiero ir a contemplar esa joya de retablo en alabastro!. No me lo pierdo!!!. Gracias por todas tus investigaciones e informaciones.

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