Los pinceles de Anguissola

Al hablar de la pintura en el Renacimiento enseguida acuden a la memoria los nombres de los genios: Botticelli, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Rafael, Tiziano, Durero, El Greco… Sabemos que hay otros muchos pintores de gran calidad, más o menos conocidos, mejor o peor estudiados. Sin embargo, hay personajes que no se les da todo el protagonismo que merecerían tener, no sólo por la belleza de su arte, sino por lo que su figura pueda representar en un momento histórico determinado y lo que su vida y personalidad pueda aportar a generaciones posteriores llegando hasta nuestros días.

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Este retrato pertenece a Anguissola. Podría no llamarnos demasiado la atención, pero resulta que el retratado es el propio pintor… Se llama Sofonisba y es una mujer.

Sofonisba Anguissola nació en Cremona, ciudad del norte de Italia. ImagenDesde joven fue educada en la pintura destacando por su gran capacidad para el dibujo y los retratos. Ella misma a lo largo de su vida hizo una gran cantidad de autorretratos, donde no solo podemos ver su evolución vital sino elementos muy importantes como es la propia conciencia como artista y mujer de su época. Se representa a menudo realizando actividades o con objetos, es decir, aparece con los pinceles ejerciendo la pintura, reivindicando su figura como artista, o bien tocando un instrumento o leyendo un libro, algo que demuestra su educación propiamente humanista y la equipara con cualquier hombre igualmente intelectual.

Estudió en Roma en el taller de Miguel Ángel y no había cumplido los 20 años cuando ya recibía encargos de las principales cortes del norte de Italia para retratar la nobleza local: Parma, Ferrara, Mantua…

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Isabel de Valois, copia de Pantoja de la Cruz del original de S. Anguissola

Pero hay un episodio en su vida que quisiera destacar pues la acerca a nuestra historia. Era rey Felipe II, quien acababa de concertar su tercer matrimonio. Su joven esposa, la princesa francesa Isabel de Valois, gozaba de una excelente educación y sentía predilección por la música y la pintura. Felipe, que era un ferviente coleccionista y mecenas, quiso traer distintos artistas al servicio de su mujer. Como por aquellos días España gobernaba la región de Lombardía, gozaba de excelentes contactos en el panorama artístico y el Duque de Alba fue uno de los artífices para que la afamada pintora italiana entrase al servicio de Isabel de Valois como dama de honor y maestra de pintura.

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Felipe II

Sofonisba llegó a Guadalajara en enero de 1560, antes que la propia Isabel de Valois lo hiciese para casarse con Felipe II en el palacio del Infantado. Desde entonces permaneció trece años en la corte donde estableció una estrecha relación con los reyes y sus hijos a los que retrató en numerosas ocasiones. Durante muchos años ha habido una serie de retratos, algunos de ellos los hemos podido contemplar en el Museo del Prado, que se creían de Sánchez Coello (pintor con quien trabajó estrechamente) pero son en realidad de Sofonisba.

En 1568 murió Isabel con tan sólo 22 años. Después de ello Felipe pidió a la pintora que permaneciese al cargo de la educación de sus hijas.

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Retrato de las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela

En 1573 Felipe II concertó su matrimonio con Fabricio de Montcada, perteneciente a una ilustre familia de origen catalán, y que tenía sus dominios en la isla de Sicilia. Se casaron en la capilla del Alcázar de Madrid, con las pequeñas infantas y la reina (la cuarta esposa de Felipe) como testigos.

Su matrimonio duró apenas cinco años pues la galera de su marido fue atacada por los piratas y perdió la vida. Sofonisba, en una muestra de entereza y sincero afecto, le hizo el más bello homenaje que su arte podía brindarle, un lienzo donde se escenificaba el suceso y se llevaba su sepulcro en procesión como simbólica recuperación de su cuerpo que en realidad yacía para siempre en el fondo del peligroso Mediterráneo.

De vuelta a su ciudad natal conoció al capitán del barco en el que viajaba, más joven que ella, y contraerá nuevamente matrimonio con él. Un hecho que nos da una nueva muestra de su fuerte personalidad pues este tipo de sucesos no eran frecuentes debido a la mentalidad y rígida moralidad de la época. Pero Sofonisba siguió siendo una artista respetada, en Italia y por Felipe II, el monarca más poderoso de su tiempo.

Tuvo una extensa vida, rozando los 90 años, y aún siendo anciana fue retratada por un joven Anton van Dyck, que se convertiría en uno de los mejores retratistas de Europa. No obstante, lo más sorprendente es que continuó retratándose ella misma, con su rostro ajado, el gesto resignado y mirando al espectador con ojos cansados…, pero con la dignidad y el orgullo de ser quien era, de quien había sido.

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About Jorge Fernández-Alva

Historiador de Arte.
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2 Responses to Los pinceles de Anguissola

  1. Hesperetusa says:

    Sofonisba Anguissola es un personaje fascinante y una gran pintora. No podía firmar sus obras cuando estuvo en la corte española y por eso tantos cuadros se atribuyeron a otros pintores. Y es muy posible que sea la autora del maravilloso retrato “La dama del armiño”, aunque lleve piel de lince, que se consideraba de El Greco, aunque es de lo más alejado de su estilo.
    Gracias por seguir mi blog. Me hago seguidora del tuyo, ambos tratan de arte.

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