El Barrio de las Letras

Detalle del monumento a
Cervantes de Antonio Solá

Ayer se celebró el día del Libro. Pero cualquier día es bueno para conmemorarlo. Y que mejor manera que realizando un paseo por el madrileño barrio de las Letras para homenajear a tantos autores que allí vivieron, pasearon, crearon o, simplemente, son recordados mediante una placa, una estatua o una cita suya con letras doradas en el suelo que pisamos. Esos literatos han permitido a millones de personas durante siglos disfrutar de la lectura, soñar, evadirse a otros mundos, olvidar sus pesares y gozar, reír o llorar en el teatro. Si un dicho popular aseguraba que cientos de años atrás una ardilla podía atravesar la Península Ibérica sin tocar el suelo, de árbol en árbol, es seguro que podemos recorrer el barrio de Huertas desde el Paseo del Prado hasta la Puerta del Sol sin dejar de evocar alguna figura que ha dignificado la lengua castellana en cualquier plaza, calle o esquina.

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Ventura de la Vega,
por F. Madrazo

Podemos partir, por ejemplo, de la Plaza de las Cortes, junto al Congreso de los Diputados, contemplando la estatua de Cervantes del escultor decimonónico Antonio Solá. Si remontamos la carrera de San Jerónimo hacia la Puerta del Sol, podemos adentrarnos en el barrio de las Letras por varias calles. La de Santa Catalina, como anécdota, alberga el Registro de la Propiedad Intelectual, donde los escritores actualmente pueden inscribir sus obras. La siguiente calle lleva el nombre de Ventura de la Vega, escritor nacido en Buenos Aires y que fue enviado a estudiar a España cuando Argentina se levantaba por la independencia. Fue compañero de Espronceda, aunque se alejó del Romanticismo de este y cultivó una poesía más clásica y lírica, y un teatro en la línea del realizado por Moratín. Finalmente no regresó a su ciudad natal y murió en Madrid.

La Imagentercera calle es la de Echegaray, un polifacético personaje nunca suficientemente reconocido, sobre todo en su faceta literaria. Y es que José de Echegaray fue el primer Premio Nobel español de Literatura en 1904.

Pero nos internaremos por la siguiente, la calle del Príncipe para encaminar los pasos a la plaza de Santa Ana, y aún así obviaremos las calles de los poetas Nuñez de Arce o Álvarez Gato, siendo este último más conocido por la obra de Valle-Inclán, Luces de Bohemia, y el episodio de su protagonista Max Estrella con los espejos cóncavos del “callejón del Gato”.Imagen Incluso en la comercial calle Carretas podríamos evocar el desaparecido Café Pombo, donde Ramón Gómez de la Serna celebraba sus conocidas tertulias. Y hablando de cafés, en la calle Victoria aún se encuentra la Fontana de Oro, recordando el antiguo “café de los liberales” que inspiró a Pérez Galdós en su primera novela.

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Tertulia del Pombo, de Gutiérrez Solana

En la plaza de Santa Ana se encuentra el Teatro Español, edificado en el sitio donde en el siglo XVI estaba el corral del Príncipe, antiguo corral de comedias donde tantas obras se representarían en el Siglo de Oro. En la misma plaza conviven las estatuas de dos colosos: Calderón de la Barca y Federico García Lorca.

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Buscando regresar hacia el Paseo del Prado llegamos a la calle del León, donde se situaba el mentidero de los cómicos en el siglo XVII y donde nació un par de siglos después Jacinto Benavente (segundo Premio Nobel español de Literatura en 1922). Pero lo más curioso es que en apenas dos manzanas convivieron algunos de los más insignes escritores del Siglo de Oro: Lope de Vega, Cervantes, Góngora y Quevedo.

Excepto ImagenGóngora (que fue desalojado por su “enemigo” Quevedo) todos tienen su calle. El caso de los otros dos es curioso. En la calle Cervantes se sitúa la vivienda de Lope de Vega, hoy convertida en Museo. Y en la calle de Lope de Vega se encuentra el convento de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso, convertida en última morada de Cervantes.

Pues bien, allí reposan los restos de Cervantes y tal vez sea él quien más se merezca este homenaje. El hombre que quiso escribir. Intentó triunfar como poeta y como autor de comedias que llevar a los populares corrales, pero fue la novela la que le consagró. Pero fue un camino duro. Alcalá, Valladolid, Córdoba, Italia. Allí como soldado embarcó en La Marquesa para participar en “la más alta ocasión que vieron los siglos”. Combatió en Lepanto y fue cautivo en Argel. Nápoles, Lisboa, Sevilla… Y Madrid. Pese a todo creó una obra inmortal que revolucionó la literatura y es la obra más leída y traducida del castellano, mundialmente famosa. Pero el mérito y la fama no acudieron a visitarle. Como tampoco nadie se acordó de él cuando estaba postrado en una cama esperando la muerte. Ese fue el oscuro y triste fin que le dio la ingrata España a su pluma más universal. Empobrecido y olvidado tras una vida en la que derramó tinta y sangre por su país. Dedicó su vida en cuerpo y alma para inmortalizar su nombre, pero murió creyendo que nunca lo conseguiría. Por ello, aunque a día de hoy posea incontables estatuas y monumentos, la mejor manera de honrarle es leyendo sus obras, y si alguna vez pasamos junto a los muros de ese convento recordar quien yace allí e invocar su ya inmortal nombre.

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About Jorge Fernández-Alva

Historiador de Arte.
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2 Responses to El Barrio de las Letras

  1. Me ha gustado tu post y me ha dado por recordar que dar un paseo y perderse por sus librerías es una gozada, ahora con la primavera apetece más.

    • Gracias Vanesa por tu comentario. La verdad es que es uno de los lugares con más encanto de Madrid. Y, por cierto, enhorabuena por tu blog, acabo de visitarlo y ya me ha enganchado.
      Un saludo.

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