Madrid en Las Navas de Tolosa (1ª parte)

El 16 de julio de 1212 tuvo lugar la batalla de Las Navas de Tolosa. Su importancia fue decisiva en el devenir del medievo hispano. Los ejércitos de los reinos cristianos de Castilla, Aragón, Navarra junto con voluntarios portugueses, leoneses y de más allá de los Pirineos (se había concedido bula de cruzada para la ocasión) derrotaron a las huestes musulmanas del Imperio almohade, que desde el norte de África había sometido con su fanatismo a sus “hermanos” de religión andalusíes y durante algunos años amenazó seriamente con reconquistar gran parte de la Península.

Tras la victoria cristiana se abrió la puerta del sur. Algo que aprovecharían años más tarde Fernando III “el Santo” (conquistando Jaén, Córdoba y Sevilla) y su hijo Alfonso X “el Sabio” (Murcia). Desde entonces y hasta 1492 el último reducto musulmán fue Granada.

De este episodio se ha escrito mucho. Yo destacaría el clásico pero vigente estudio del erudito Ambrosio Huici Miranda, el minucioso El lunes de las Navas de Vara Thorbeck, la publicación más actual de Martín Fitz y, de un modo más sintético y ameno, el capítulo correspondiente en Grandes batallas de la historia de España de Juan Eslava Galán.

Mi aportación se centra en un tema más desconocido: la participación de Madrid en la batalla.

El rey de Castilla, Alfonso VIII, contaba en su ejército con sus propias mesnadas pero para participar en acciones importantes necesitaba engrosar sus tropas con las huestes de otros nobles y con las milicias concejiles. Los concejos eran lo que hoy podría equivaler a un municipio. En esta batalla participaron unos 20 de las actuales provincias de Segovia, Soria, Ávila, Valladolid, Madrid, Cuenca y Guadalajara.

La villa de Madrid aportó sus milicias donde había caballeros nobles (con sus escuderos), caballeros pardos (sin ser nobles o de bajo linaje, tenían dinero para costearse un caballo y armamento, pero no para tener una armadura y ropas de calidad) y peones (villanos de baja nobleza, familias acomodadas, artesanos…).

El 20 de junio el ejército cristiano partió de Toledo donde se habían concentrado para encaminarse al actual paso de Despeñaperros. Allí su avance fue cortado por los musulmanes que dominaban el angosto desfiladero. Finalmente, hallaron un camino alternativo y acamparon en un cerro desde donde divisaban el campamento enemigo, en otro cerro opuesto. Tras dos días rechazando escaramuzas que pretendían forzar el encuentro a campo abierto, todo estaba servido para la batalla campal.

Pero el papel de Madrid no iba a ser baladí. El 15 de julio se produjo una reunión en el campamento cristiano para definir el plan de batalla. El ejército se dividiría en tres cuerpos: el central con las tropas de Castilla y las Órdenes Militares, el izquierdo con las de Aragón y algunos concejos castellanos y el derecho con Navarra, los voluntarios y el resto de concejos.

Pues bien, la vanguardia del cuerpo central estaría liderada por Diego López de Haro, mano derecha del rey Alfonso VIII, al frente de sus vizcaínos e, inmediatamente tras ellos, el concejo de Madrid… (continuará).

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About Jorge Fernández-Alva

Historiador de Arte.
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