Gregorio Fernández, tan cerca

Gregorio Fernández

Gregorio Fernández

En 1999, cuando aún estudiaba en el instituto, tuve la suerte de asistir a la exposición de Gregorio Fernández que se realizó en Madrid, en la cual se expusieron 44 obras del escultor procedentes de diversos puntos de España.

El impacto que me ocasionó ha perdurado desde entonces, y se ha afianzado cuando he tenido la oportunidad de estudiar su obra en profundidad y contemplarla en sus ubicaciones originales o en el excelente Museo de Escultura de Valladolid.

Como ocurre con tantos grandes artistas o literatos españoles, la figura de Gregorio Fernández pasa casi desapercibida (tal vez algo menos en Valladolid donde desarrolló la mayor parte de su carrera profesional y en su Galicia natal). Por si esto fuera poco la historiografía acerca de escultura es bastante escasa en España. Además, la producción artística del barroco es casi exclusivamente de temática religiosa y trabajada en madera, lo que delimita bastante las posibilidades comparándola con Francia y, sobre todo, Italia donde se trabajaba el mármol y los temas eran más variados, empezando por la mitología.

Todo ello no debe ser excusa para disfrutar del legado de uno de los mejores escultores barrocos y de la historia del arte español. Sobre todo, para los que residimos en Madrid y tenemos oportunidad de contemplar algunas de sus obras.

Nacido en Sarria (Lugo) se instalará en Valladolid a principios del siglo XVII, cuando la ciudad castellana aún era capital. Allí pasará casi toda su vida, al frente de su propio taller y gozando de gran estima y una multitud de encargos.

Vista Valladolid

Vista de Valladolid

Para Madrid realizó diversas esculturas de la tipología que le dio mayor fama: el Cristo yacente. Cristo yacenteEstas tallas representan a Jesucristo muerto, después de la Crucifixión, tendido sobre un lecho (en el mejor de los casos) y mostrando con crudeza los estragos de la Pasión: hematomas, costras, heridas abiertas y mucha sangre. Gregorio Fernández consigue como nadie conjugar un minucioso trabajo de la madera para obtener una anatomía y proporciones perfectas con la expresión que busca la mentalidad contrarreformista de la época (la Iglesia es quien acapara casi toda la producción escultórica y, por tanto, decide los temas): mover al pueblo a la devoción por medio del tratamiento realista y dramático, potenciando la exaltación de la Pasión de Cristo en todo su rigor, rozando en ocasiones el patetismo.

No obstante, los Cristos yacentes de Gregorio Fernández, aunque tienen esa tremenda carga dramática (de cerca los detalles son impactantemente realistas: las costras de las rodillas, las gotas de sangre…), logran trascender su vocación religiosa para admirar la obra de arte en sí, un cuerpo de formas bellas extraído de una pieza de madera, unos brazos bien definidos ensamblados en la talla, los cabellos que caen en mechones o gajos parecen húmedos del sudor. El escultor no solo da sensación de vida a la madera sino al cadáver que representa, otorgándole serenidad y armonía.

Pues bien, en Madrid existen una valiosa representación de esos Cristos yacentes. En el convento de capuchinos de El PardoConvento Pardo se encuentra el primero de ellos, encargo personal de Felipe III en 1614. Es de gran belleza aunque desluce un poco por el aparatoso catafalco Cristo de El Pardoque se realizó en los años 40 para albergarlo.

 

En la década de 1620 se realizan los otros dos encargos. El Cristo yacente para la iglesia del convento de San Plácido en Madrid, el cual ya mencioné en el post Tesoros del barroco madrileño (II), en mi opinión el más bello, quizás acompañado por el entorno y la liturgia que supone poder contemplarlo (al ser convento de clausura el horario de misas es muy restringido y hay que solicitar la visita).

Cristo San Plácido

Y el otro es el del monasterio de la Encarnación, fundación real del siglo XVII actualmente gestionada por Patrimonio Nacional. Real Monasterio de la Encarnación (Madrid) 01Las visitas guiadas merecen la pena por sus colecciones de pintura y escultura (además los miércoles y jueves por la tarde son gratuitas). Concretamente, la talla de Gregorio Fernández (también se conserva un Cristo atado a la columna), aunque su ubicación es en una esquina entre dos salas, para mí es la más impactante pues tras observarla de perfil, cuando te sitúas en la puerta que da acceso a la siguiente sala, puedes verla de frente, con los pies en primer término y la visión del rostro con los ojos entornados y la boca abierta mostrando unos dientes que parecen reales. Esta perspectiva es la que denota más tajantemente que estamos ante la representación de un hombre muerto.

Para concluir, como apunte y muestra de la cantidad de tesoros artísticos que tenemos escondidos y, a su vez, al alcance de la mano, existe un retablo de Gregorio Fernández en la iglesia de Braojos, pueblo de la sierra norte de Madrid.

Iglesia Braojos

 

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About Jorge Fernández-Alva

Historiador de Arte.
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2 Responses to Gregorio Fernández, tan cerca

  1. Mercedes says:

    Muy buen post, me ha gustado mucho. La escultura de Gregorio Fernández impresiona.
    He visitado la Encarnación más de una vez, y ahora no recuerdo el Cristo… buen motivo para volver. Gracias, Jorge.

  2. alpuymuz says:

    Entiendo que has de ser tenido en cuenta: el blog, de un vistazo fugaz, lo atestigua.
    Felicidades y mi buen saludo.

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