El día de la Hispanidad

Ayer se celebró, o celebramos, el día de la Hispanidad, o la Fiesta Nacional, o como quiera llamarse. Sin embargo, por encima de actos culturales o manifestaciones populares, lo único que queda son desfiles, exhibiciones, palabras vacías y bandas sonoras añejas con ritmos castrenses y de pasodoble. Todo ello bien enmascarado con brillantes oropeles, kilómetros de tela rojigualda y amplios palcos donde puedan presidir con orgullo la infame ralea de mandamases que han convertido este país en la cueva de Alí Babá.

Pero no nos engañemos, esto no es novedad. La historia se repite. Y no hace falta remontarse a tiempos de los romanos. Desde el 12 de octubre de 1492, Descubrimientofecha conmemorativa de la festividad, hemos tenido una extensa casta de ladrones e inútiles dirigiendo los destinos de la nación y de sus pueblos. Esta canalla fanática e inculta solo ve el poder y el dinero. Llámese Torquemada, Ovando, Antonio Pérez, Godoy, Fernando VII o Zapatero y Rajoy. Todos ellos y tantos otros, además del séquito que tienen detrás (ya sean un puñado de títeres o los que manejan a la sombra los hilos), han emborronado la historia de este país y siguen haciéndolo empobreciéndolo económica y culturalmente mientras engordan sus bolsillos y su ruindad.

Inquisición                Godoy

Por ello no me siento especialmente orgulloso este día. Porque vivimos a golpes, porque a penas si nos dejan/ decir que somos quien somos,/ nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno(1). Nuestro orgullo no radica en una idea equívoca o interesada de patria. En banderas que no dejan de ser símbolos representativos y que hoy se usan más para enfrentarnos que para unirnos. El orgullo está en los lazos históricos y culturales que compartimos personas y pueblos, a veces tan distintos, pero son precisamente esas diferencias lo que nos enriquece. Y el vehículo de esos lazos y verdadero motivo de orgullo es la lengua castellana, que no solo nos permite comunicarnos entre españoles sino con casi 400 millones de hispanoamericanos. Porque a pesar de las diferencias culturales, de religión, ideológicas, de regiones o países, o de quien nos gobierne a unos y a otros, podemos hablar, escribir, leer, cantar, discutir, rezar o blasfemar en el mismo idioma.

Así que hoy mi homenaje es a todos los que durante 500 años han enriquecido esta lengua y nos han permitido soñar, reír, llorar, pensar. Empezando por Cervantes que ha convertidoQuijote El Quijote en la más universal de las obras. Lope de Vega, Calderón de la Barca, Quevedo y (con su permiso) Góngora. Tirso y el Inca Garcilaso de la Vega. Moratín y Espronceda. Galdós, “Clarín”, Pardo Bazán, Rosalía y Benavente. Unamuno, Baroja, “Azorín” y “este gran Don Ramón de las barbas de chivo/ Cuya sonrisa es la flor de su figura,/ parece un viejo Dios, altanero y esquivo”(2). Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez y Machado. Dos genios asesinados: García Lorca y Miguel Hernández. Borges y Neruda. Gabriela Mistral, García Márquez y Juan Rulfo. Miguel Ángel Asturias y Vargas Llosa.

Espronceda Quevedo Valle Lorca

Mientras políticos y demás carroña sigan saliendo en la foto e inventándose conceptos de Hispanidad, patrias y banderas seguiré a bordo del Temido, bogando con amargos versos de Quevedo o Neruda y mecido por los vientos del pueblo que me llevan.

Temido                                                       Quijote

(1) Fragmento de “La poesía es un arma cargada de futuro” de Gabriel Celaya.

(2) Inicio del soneto de Rubén Darío dedicado a su amigo Valle-Inclán.

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About Jorge Fernández-Alva

Historiador de Arte.
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4 Responses to El día de la Hispanidad

  1. Hesperetusa says:

    Estoy en buena parte de acuerdo con lo que escribes, pero ya esta bien de fustigarnos por culpas no cometidas, que en eso nos vamos al Pentateuco y el castigo a la s generaciones futuras y no a nuestra herencia clásica y humanística de la responsabilidad individual, que los que vivimos hoy no tenemos ninguna responsabilidad en los hechos de esos siglos. Lo que entonces vivieron actuaron con su libertad y responsabilidad. Nuestras culpas serán otras, pero nunca esas, y mis antepasados se quedaron en esta península trabajando duras tierras…, sobre la responsabilidad de los antepasados tienen que ser otros los que hagan autocrítica.

    • Hola. Gracias por tu comentario. Tal vez me dejé llevar por la indignación pero no es mi intención fustigarnos, sino fustigar a quien considero que no nos representan (ni a nosotros ni a nuestros antepasados) y se apropian a su antojo de símbolos, historia y cultura que desconocen por completo. Creo que ese día debería acercarnos no solo a españoles sino a hispanohablantes, dejando de lado la política y fomentando los lazos comunes de cultura, arte, literatura…, especialmente literatura como arma del lenguaje que compartimos.
      Un saludo.

  2. Ante todo gracias al autor del artículo por brindarnos, como complemento al texto, algunas de las imágenes con tanta resolución.

    Respecto al contenido, creo estar de acuerdo en todo y más. Ese enfoque que nos han pretendido colar siempre de que los españoles “fuimos” a civilizarlos y evangelizarlos, es una distorsión alevosa que esconde las verdaderas intenciones que el sentido común y la experiencia nos sugieren. Todo para que la idea de grandeza de ese sentimiento patrio de algunos tuviera más sentido o justificación. Puesto que realmente no son ya nuestras culpas, nada nos impide reconocer versiones más creíbles y objetivas.

    Celebremos nuestros puntos en común. Y la lengua castellana, tal y como indica Jorge, es, sin duda, el mejor reflejo de lo que nos une y el mejor vehículo para seguir haciéndolo. Respecto a las diferencias, que sirvan para enriquecernos a todos. Y en cuanto a los desfiles y celebraciones institucionales, mejor se dedicaban esos dineros a aliviar las carencias que nos invaden por los cuatro costados.

    • Muchas gracias. Da rabia que se distorsione el sentido de una celebración destinada a unir pueblos tan distintos pero a la vez tan cercanos gracias a un legado cultural común. Y además que lo haga gente que ni conoce ni le importa su significado. La historia es la que es, no hay que tergiversarla ni reescribirla, solo aprovechar sus enseñanzas, aprender de los errores y conservar todo lo que nos enriquece: el pensamiento, el arte, la cultura.
      Un saludo.

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