San Jorge y el dragón

San Giorgio, Donatello

San Jorge de Donatello

El pasado miércoles fue el día de San Jorge, onomástica bastante popular al tratarse del santo patrón de diversos países y, concretamente en España, de varias comunidades autónomas y poblaciones. Además, es la fecha elegida desde hace casi un siglo para conmemorar el día del Libro en nuestro país y, desde hace al menos un par de décadas, también lo es a nivel internacional.

La celebración en torno a la Literatura ha cuajado enormemente, desarrollándose multitud de actos que fomentan la lectura y el conocimiento de grandes obras (en Madrid, por ejemplo, se realizan las ya tradicionales lecturas del Quijote, entre un sinfín de actividades en librerías, bibliotecas, museos, centros culturales o al aire libre).

Pero la figura que nos ocupa, San Jorge, Sant Jordi, Saint George, San Giorgio, etc. tiene una antigua y fabulosa historia que merece ser recordada año tras año. El personaje histórico, como tantos otros santos, se relaciona con un militar romano que fue martirizado por defender a los cristianos de la región de Nicomedia ante algún atropello (a principios del siglo IV aún el cristianismo no era oficial y, aunque empezaba a extenderse incluso entre las altas capas de la sociedad y ejército romanos, seguían sufriendo persecuciones por parte de algunos emperadores).

El Jorge original será elevado posteriormente a los altares convertido en uno de los protomártires del cristianismo y, con el tiempo, las hagiografías se encargarán de elaborar su biografía con un episodio digno de un héroe.

San Jorge, Rafael

San Jorge de Rafael

La leyenda cuenta que las tierras de un lejano reino (tradicionalmente se sitúa en Capadocia) eran asoladas por un temible dragón. Para saciar su hambre y su furia los habitantes debían entregar su ganado al monstruo, pero transcurrido un tiempo y ante la escasez de animales el tributo exigido será de carne humana. Los detalles de cómo suceden estas transacciones se pierden en la noche de los tiempos, de ahí que surjan distintas versiones. Sea como fuere, finalmente, se envía una princesa a la cueva o guarida del dragón. Enterado del suceso, el valiente guerrero acudirá al rescate y se enfrentará a la fiera, consiguiendo abatirla y liberando a la joven y a toda la región.

Vemos por un lado una temática muy recurrida desde la Antigüedad. Se pueden aludir claros ejemplos como el Minotauro de Creta, que también exigía doncellas para apaciguarle hasta que Teseo penetró en el laberinto y dio muerte al híbrido atormentado. O el rescate de Andrómeda por parte de Perseo, cuando la princesa fue encadenada a una roca para ser devorada por un monstruo marino (representado como una suerte de reptil o, directamente, como un dragón). Y ello sin remontarnos a otros mitos orientales que serían la verdadera raíz.

La Edad Media y el cristianismo retomarán el tema y lo impulsarán enormemente con una estética caballeresca y un transfondo moral, pues el tema no es otro que la lucha entre el bien y el mal.

San Miguel, Rafael

San Miguel de Rafael

Pero la figura del santo guerrero ya es tradición, incluso antes que el propio San Jorge. El arcángel San Miguel es el general de las legiones de ángeles que batallan contra los demonios, siendo habitualmente representado derrotando al Diablo, transfigurado este en un dragón o en una serpiente.

En el arte, en cierto modo, sucede algo similar, acentuándose la dicotomía entre el bien y el mal a través de la estética: lo bello y lo feo. Sin embargo, aunque la función o la interpretación intelectual tenga esos fines subjetivos, propagandísticos o moralizantes, queda la pura contemplación de la obra, queda la mano del artista que ha esculpido o dibujado y deja la impronta de su estilo. Hay algunos ejemplos magníficos en la pintura:

Uccello realiza dos versiones que son las variantes de la leyenda. Una en la que aparece la princesaSan Jorge, Uccello (París) rezando mientras San Jorge se enfrenta a la bestia, y la otra reúne en la misma escena el combate donde el santo hiere al dragón para después atarlo al cinturón de la princesa (que ya lo tiene asido) y así dominarlo cual dócil mascota. Ambas son fiel reflejo del Quattrocento, un periodo experimental donde aún no se domina la técnica y la perspectiva pero es fundamental para la evolución de la pintura y para que los sucesivos artistas se puedan nutrir de esa intuición del espacio y del volumen o de fogonazos tan valientes y geniales como el escorzo del caballo en la versión londinense.

San Jorge, Uccello (Londres)

La obra de Tintoretto, un siglo más tarde, traspone el tema, situando la princesa en primer término, huyendo, San Jorge, Tintorettocon las telas al viento y los vivos colores venecianos. Pero su rostro girado, mirando atrás, nos traslada al segundo plano en cuya zona central se distingue el caballo blanco del santo que está embistiendo al dragón que, escorado, culmina la diagonal en profundidad que revela la composición asimétrica del manierismo.

 

Pero mi favorito es el San Jorge de Rubens. Un rápido vistazo a las figuras deja clara la leyenda. En un segundo plano la princesa y el cordero (tributos). En primer término el caballero y el dragón. Pero esa lucha del bien y el mal, la belleza y la fealdad son secundarias ante el despliegue delirante de movimiento, de fuerza, de color. Líneas curvas y cruzadas marcan el esquema compositivo del lienzo, que ha recogido todas las experiencias del Renacimiento (vistas en primera persona por el pintor flamenco) para plasmarlas con una precisión técnica incontestable (otra vez el caballo blanco como ejemplo más claro: del atrevimiento de Uccello, pasando por los estudios dibujados por da Vinci, hasta el ejemplar anatómica y compositivamente perfecto de Rubens). Y el detalle del santo es magnífico, no solo por la rotunda musculatura miguelangelesca o el escorzo del brazo cargando para asestar el golpe de gracia (que bien podría haber ejecutado el mismísimo Caravaggio), sino por el tratamiento de la vestimenta: se aleja de la influencia medieval por una interpretación historicista, ataviándole con el uniforme de un oficial romano.

San Jorge, Rubens

Y qué importa el origen, si es real o inventado, pagano o cristiano, cuando un día sirve para difundir la cultura o la figura de un personaje ha inspirado la creación de tales obras de arte.

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About Jorge Fernández-Alva

Historiador de Arte.
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5 Responses to San Jorge y el dragón

  1. Hesperetusa says:

    No he podido comprobar el dato, pero creo que San Jorge ya no es santo, es decir que se lo considera un personaje mítico, es Perseo cristianizado, y fue excluido del santoral por la Iglesia Católica definitivamente en el Concilio Vaticano II. No sólo le ocurrió a San Jorge, sino a San Cristóbal o Santa Cecilia entre otros. Creo que el día se mantiene por tradición y por historia. Esto de poner a los santos bajo la lupa lo comenzaron a hacer los los jesuitas en el siglo XVI, que a fin de cuentas combatían a la Reforma que había dejado fuera todo culto a los santos. Los jesuitas se pusieron a hacer comprobaciones con la Leyenda Áurea y vieron que para la gran mayoría de los santos no había ningún dato histórico.
    Ocurre con las historias más interesantes, por suerte para Rubens, su San Jorge, con la segunda versión que has puesto de Paolo Ucello es uno de los que más me gustan, aún no había llegado el momento de poner a San Jorge fuera del santoral.

  2. Gracias. Las imágenes que publicas en alta resolución invitan siempre a pararse en cada una. Enriquecen tus, ya de por sí, jugosas entradas. Excelente política. Magnífica entrada.

  3. alpuymuz says:

    Los mitos, porque del alma llegan y se transmiten en el tiempo, tienen sus esencias y secuelas, su típico y atípico caudal en todo cuanto por humano deja la huella de su impronta en todo aquello que trata cultura. Me ha gustado tu interesante entrada. Jorge, mi buen abrazo y saludo.

  4. mariapanama says:

    Todo este tan gratamente y entrelazado encaje de mitos y leyendas, resulta una maravillosa forma de regalarnos sabiduría y cultura, saludos y gracias por compartir.

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