Alcalá del Júcar

Recorro una vez más tierras manchegas. Tierras yermas, duras, ancladas en el tiempo como presas de una condena. Nada parece cambiar desde que las recorriera un afamado hidalgo mucho tiempo atrás. Quizás algo sí, pero se antoja pequeño ante semejante amplitud. Donde hubo caminos polvorientos ahora hay asfalto. Donde hubo molinos de viento ahora hay verdaderos gigantes eólicos. Las ventas han cambiado un poco el aspecto, así como sus Maritornes. Y las postas tornan la alfalfa por gasolina para alimentar caballos de hierro.

molinos de viento                     molinos-eolicos-en-castilla-la-mancha

Tierras monótonas y silenciosas donde flota olvido y tristeza. Olvidada por todos menos por los que partieron. Y los que se quedaron siguieron regando y cultivando sus tierras con más sudor y sangre que agua. Esa es parte de su historia y de su orgullo. Mantener viva con mucho esfuerzo esa tierra endurecida por el sol, el hambre y la guerra durante siglos.

Gente honesta y trabajadora en su mayoría que tuvo que buscar una salida en ocasiones. Y el mejor ejemplo está en Madrid, levantada y sostenida por gentes venidas de todos los rincones de España, pero en buena parte manchegos. Y esa también es parte de nuestra historia y nuestro orgullo. Por ello, me gusta recorrer esas tierras yermas y duras, porque eso no las hace peores sino más fuertes. Pero, además, como un oasis en medio del desierto, las tierras manchegas guardan tesoros donde no cabría esperarlos.

Cerca de la frontera con Valencia delimitada por el río Cabriel surge un desvío que se interna paralelo al fértil curso fluvial. Imagen 030Tras varios kilómetros inmersos en la planicie de campos de labranza la tierra se acaba…, se interrumpe bruscamente por las hoces del río Júcar, una imponente erosión milenaria que conforma un paisaje extraordinario. Precisamente, en uno de esos barrancos plagados de cuevas que descienden hasta el río, se erige o desciende como una cascada, según se mire, un pueblo: Alcalá del Júcar.

La rica vega del río y las cuevas y abrigos naturales que forman las hoces propiciaron asentamientos en la zona desde la prehistoria, de los cuales han aparecido numerosos yacimientos. Sin embargo, la población cobró importancia en época medieval, siendo un importante enclave andalusí dentro de la línea fortificada del río Júcar ya en el siglo XII. Uno de sus episodios históricos más importantes fue en 1211, en el contexto de la batalla de las Navas de Tolosa. La población y su fortaleza pertenecía a los almohades, imperio norteafricano que había tomado el control de Al-Andalus y amenazaba seriamente al reino de Castilla desde que le derrotase en la batalla de Alarcos. Las treguas entre castellanos y almohades estaban a punto de romperse (unos no olvidaban el golpe recibido y otros querían asestar el definitivo). Así pues, ese año, mientras partía un gran ejército desde Marrakech para cruzar el Estrecho, el rey Alfonso VIII lideraba una expedición destinada a tomar varias fortalezas del Júcar, entre ellas Jorquera y la propia Alcalá. Precisamente fue en el mes de noviembre y acudieron, junto a la mesnada real y algunos nobles, las milicias de los concejos de Cuenca, Huete, Uclés, Guadalajara y Madrid.

Panorámica río

La conquista de estas plazas se haría efectiva un año después tras la victoria cristiana en Las Navas. A finales del siglo XIII, Alcalá del Júcar pasará a formar parte del marquesado de Villena y, cien años más tarde aproximadamente, será incorporada a la Corona por Enrique III. Así será durante medio siglo hasta que Juan II la entrega a un alto funcionario de su confianza, en el turbio contexto de las luchas de poder castellanas con el valido del rey don Álvaro de Luna y los infantes de Aragón de por medio, entre otros personajes oscuros, ambiciosos y de pocos escrúpulos, que sin duda merecen un capítulo aparte para tratarlos en detalle. Tras la victoria real en la batalla de Olmedo, en la que fue clave la intervención de Juan Pacheco, otra figura ávida de poder, Alcalá del Júcar será restituido al marquesado de Villena que ostentará a partir de entonces la familia Pacheco.

AéreaPaulatinamente su papel en el tablero político y militar irá decayendo y su castillo quedará como la cúspide de esta población mimetizada con la roca. Una reminiscencia de época medieval que añade más encanto si cabe a este pueblo tan singular.

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About Jorge Fernández-Alva

Historiador de Arte.
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2 Responses to Alcalá del Júcar

  1. harpag0rnis says:

    Es uno de eses lugares que le daría mayor prioridad que a las grandes urbes para ir a hacer una visita. Hacer el camino de la Lana , quizás podría ser una buena idea, pero no se si esta conexión con el camino francés tiene mucha actividad. Buen artículo.

    • Muchas gracias. A veces pienso si no será mejor que permanezca un poco “escondido” para evitar su masificación. En cualquier caso, es digno de ser visitado y, como propones, recuperar su memoria, como tantos otros lugares casi desconocidos que combinan su tremendo encanto con su importancia histórica.

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